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Violencia Vicaria: cuando los animales se llevan la peor parte

Hasta hace poco, la relación entre maltrato animal, violencia doméstica y violencia de género generaba cierta extrañeza en España. Pero cada vez existe más sensibilidad en nuestra sociedad hacia los animales y eso hace que el bienestar animal exija una especial consideración (positiva o negativa) en el bienestar de las personas

De eso se han dado cuenta aquellas personas que ejercen la violencia, y han visto en los animales un mecanismo efectivo de DOMINACIÓN y CONTROL sobre mujeres, niños y personas vulnerables

Eso es la VIOLENCIA VICARIA: utilizar el maltrato animal como mecanismo para causar daño y sufrimiento psicológico a la mujer y los hijos, aprovechando ese vínculo afectivo y emocional entre las personas y sus animales

Hablamos con Mª José Bernuz Beneitez, profesora de Filosofía del Derecho de la Universidad de Zaragoza, que ya en 2015 escribió un artículo en la Revista de Victimología sobre “El maltrato animal como violencia doméstica y de género. Un análisis sobre las víctimas” donde asegura que prestar atención a la violencia contra los animales puede ser un mecanismo eficaz para detectar y prevenir situaciones de violencia contra las personas en el ámbito doméstico.

TPB: ¿Qué es, cómo se ejerce y por qué el maltrato animal es invisible?

María José: El maltrato se produce cuando privamos a un animal de una de sus cinco libertades clásicas: no proporcionarle comida o agua; no tener una zona de cobijo suficiente; provocarle dolor, o no paliar heridas o enfermedades; no tener libertad para poder manifestar el comportamiento propio de su especie; o estar en permanente miedo o angustia.

Generalmente, el maltrato animal es una VIOLENCIA INVISIBLE porque se produce en el ámbito privado, las víctimas no tienen voz, no hay suficientes pruebas para denunciar y salvo casos de extrema dureza, rara vez llegan a los medios de comunicación.

Además, el maltrato a los animales ‘socializa’ al agresor con la violencia, es como si hubiera pasado una barrera, y una vez maltratado al animal, existen menos inhibiciones para hacerlo con los seres humanos, haciendo más probable los actos de crueldad hacia los otros miembros de la familia.

TPB: ¿Qué es la Violencia Vicaria y por qué también es invisible?

María José: En este caso de violencia, los animales son utilizados como chivos expiatorios, MECANISMOS PARA MALTRATAR a la pareja o los hijos, para someterlos, amenazarlos, para evitar que se vayan, y/o para asegurar su silencio respecto a su situación de víctimas.

Es importante señalar que, además, es un tipo de violencia que no sólo se produce mientras dura la relación, sino que también puede utilizarse para FORZAR A LAS MUJERS A VOLVER A CASA cuando han decidido abandonar el domicilio familiar y romper con la relación de abuso, dejando atrás a su(s) animal(es).

En definitiva, la violencia vicaria en el contexto de la violencia de género es hacer daño a la mujer atacando un animal que para ella es importante y con el que tiene un vínculo afectivo. Aunque para la persona maltratada, su animal es importante, para el agresor el animal es solo un objeto para hacer daño a la mujer, al niño o a las personas mayores.

Hay que tener en cuenta que el hecho de que el acto de violencia y de control se ejerza sobre dos seres vivos implica una mayor dosis de violencia y debería requerir una mayor atención social y legal porque cuando el animal es entendido por el maltratador como ‘cosa’, pero a la vez percibe que tiene mayor importancia para la pareja e hijos, corre más riesgo de sufrir situaciones de violencia y maltrato causados con el fin de dañar, controlar y aislar más a unos y otros.

TPB: ¿Cuál es el modelo familiar de este entorno de violencia?

María José: El modelo de familia es el de la DOMINACIÓN: el ‘tengo derecho a hacer lo que quiero en mi casa’ es la justificación patriarcal del comportamiento abusivo contra los construidos como inferiores –pareja, hijos y animales-. En una cultura PATRIARCAL Y MACHISTA, todos los miembros de la familia son considerados como propiedad del cabeza de familia y como tal, su responsabilidad es castigar y disciplinar.

El maltratador entiende que el animal es una extensión de la mujer a la que maltratar a través de él.

TPB: ¿Es común la figura del maltratador que tiene animales?

María José: Un estudio realizado mostró que el 50% de los casos de hombres maltratadores encuestados tenían animales. El 50% de ellos eran CAZADORES y tenían ARMAS, más del 50% destacó que no tuvo sentimientos de tristeza o pérdida cuando los animales murieron, algunos se sintieron ofendidos de que se hubieran atrevido a cuestionar el amor por sus animales y señalaron que la violencia contra los animales y la violencia doméstica no tenían ninguna relación entre sí. Parece claro que cuando el maltratador considera el animal como cosa, o le niega su condición de ser sintiente, la ejecución de actos de maltrato resulta más fácil.

TPB: ¿Puede que el no abandonar al animal frene a una mujer a marcharse de casa?

María José: Sí, en muchos casos las mujeres retrasan la decisión de abandonar la relación abusiva por no saber QUÉ HACER O DÓNDE DEJAR A SUS ANIMALES. En esa situación de máxima dependencia del animal, también pueden ser mayores los sentimientos de culpa, rabia y responsabilidad de la mujer hacia los animales cuando se ven forzadas a hacer algo que va contra sus valores y principios para protegerle, cuando tiene que dejarlo en casa del maltratador para abandonar ella misma la situación de maltrato (cuando las casas de acogida no cuentan con instalaciones para acogerlos) o, lo que es peor, abandonarlos a su suerte, o autorizar su eutanasia para evitarle un final trágico y mayor sufrimiento.

Algo que, en ocasiones, les lleva a romper con las órdenes de alejamiento para entrar en casa del maltratador y comprobar el estado de sus mascotas, poniendo en peligro su propia integridad.

Algunos estudios concluyen que las mujeres víctimas de violencia doméstica que residen en centros de acogida declararon situaciones de violencia contra sus animales con una frecuencia 11 veces mayor que las mujeres que no habían sido víctimas de maltrato. De hecho, los estudios realizados mostraron que aquéllos que amenazaron e hicieron daño a sus mascotas agredieron más severamente a sus parejas.

TPB: ¿Por qué es tan dañino para un niño presenciar este tipo de violencia?

María José: Los animales juegan un papel importante en la vida de los NIÑOS Y NIÑAS como es el desarrollo de la confianza, la compasión, la empatía y la responsabilidad. En algunos estudios se ha mostrado que para los niños la relación con los animales es más importante que la que tienen con los humanos.

Las consecuencias que puede tener para un niño ser testigo de situaciones de violencia contra los animales con los que vive, tendrá que ver con la justificación de la violencia como forma de resolver conflictos y con la forma de relacionarse con otros seres más débiles y vulnerables. Es preocupante que presenciar actos de violencia contra los animales sea un fenómeno relativamente común entre niños y adolescentes de ese hogar porque presenciar el maltrato hacia los animales en la infancia puede tener efectos negativos en el desarrollo psicológico y emocional del niño, ya que puede IMITAR CONDUCTAS de esos adultos maltratadores y acarrear problemas de salud mental.

De hecho, es más probable que los niños víctimas de violencia doméstica declaren haber experimentado violencia contra los animales (como autores o como testigos) que aquéllos que no sufren situaciones de violencia en su familia. Algunos autores coinciden que el 40% de los niños que experimentaron violencia familiar o contra los animales también estuvieron expuestos a, al menos, algún TIPO ADICIONAL DE ABUSO.

Y otros trabajos muestran que la mitad los niños que participaron en su estudio señalaron que habían intervenido para proteger a sus animales, poniendo su vida en peligro.

TPB: ¿Este tipo de violencia se puede ejercer hacia personas mayores?

María José: Claro que sí, es un caso especial el de las PERSONAS MAYORES porque en muchos casos son muy DEPENDIENTES de sus animales de compañía. Generalmente son personas en situación vulnerable y el papel que cumple el animal y el vínculo entre ambos es mucho mayor y más fuerte. En realidad, el maltrato animal es un mecanismo para detectar otro tipo de problemas en los mayores.

TPB: ¿Crees que los veterinarios y veterinarias pueden ayudar en este tipo de conductas?

María José: Por supuesto. Son profesionales que pueden IDENTIFICAR tempranamente este tipo de agresiones contra los animales y verificar las condiciones de vida de los mismos y, de alguna manera, prevenir situaciones de violencia contra las personas, o una mayor gravedad de las mismas. Es esencial que los servicios de asistencia y apoyo a víctimas (como la campaña VIOPET que se está realizando en estos momentos) informen a las mujeres sobre la potencial peligrosidad que tiene para ellas el permanecer con un hombre que maltrata a sus animales.

De hecho, en España son los veterinarios quienes antes y más intensamente han denunciado la cuestión del vínculo entre la violencia doméstica y el maltrato animal. En ese sentido,  el papel del veterinario debe ser prioritariamente formativo, pero también debe realizar una labor de identificación de situaciones de violencia contra los animales que pueden llevar a una situación de violencia doméstica o que están detrás de otras violencias en el ámbito familiar, contra mujeres o niños.

TPB: ¿La nueva Ley de Bienestar Animal puede cambiar esta situación?

María José: Sería importante empezar a considerar que el maltrato de los animales, si es utilizado como una herramienta de acoso y sumisión de las mujeres, o como violencia doméstica cuando se utiliza para dominar, aterrorizar o silenciar a otros miembros de la familia vulnerables, como pueden ser personas mayores o niños, puede ser CONSIDERADO COMO VIOLENCIA DE GÉNERO. Esta reformulación tiene sentido si somos coherentes con lo que proclamamos socialmente: que los animales son miembros de nuestras familias, como reza la  reforma legal del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil aprobada por el Congreso de los Diputados el pasado 2 de diciembre.

Es necesario trabajar en red y crear instituciones y estructuras conjuntas para tratar cuestiones relacionadas con mujeres, niños, personas mayores o animales. Hay que ampliar el concepto de víctima, que supere las barreras de la especie y que asuma los ANIMALES COMO VÍCTIMAS merecedoras de consideración en sí mismas, porque son capaces de sufrir.

Su integración en el colectivo de víctimas nos permitiría visualizar a los animales que sufren violencia en el marco de la violencia de género o violencia doméstica, sin menospreciar la sensibilidad, los intereses o los derechos de las personas. Más bien al contrario, su consideración como víctimas, protege más integralmente a las mujeres y trata más dignamente a los animales.

TPB: Para finalizar, ¿entonces debemos considerar víctimas de violencia familiar a nuestros animales?

María José: Evidentemente las mujeres y los niños son las principales víctimas, pero también los animales que sufren las situaciones de violencia y maltrato en el ámbito doméstico. Ello exige que empecemos a considerar víctimas de violencia familiar a todos a quienes consideramos miembros de la familia, a los que cuidamos y que dependen de nosotros. Otra posición sería hipócrita y supondría un desconocimiento del vínculo que une personas y animales y del rol social que éstos tienen.

La posición de un animal en la familia es la de los más vulnerables desde todos los puntos de vista. Algo que hace que su agresión resulte más fácil y, en su caso, implique un castigo menor.

Cuando se conoce y comprende el vínculo afectivo, emocional y de dependencia que une personas y animales, se entiende mejor el estrecho vínculo que une ambos tipos de maltrato

Ayudar a entender los mecanismos sociales y psicológicos que están detrás de la violencia familiar y de género es necesario para planificar mecanismos conjuntos y coordinados de prevención e intervención

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