Cómo preparar a tu perro para quedarse solo antes de las vacaciones o de volver a la rutina
Durante las vacaciones cambian muchas cosas. Pasamos más tiempo en casa, hacemos planes diferentes, modificamos horarios y muchas veces, el perro pasa de quedarse solo varias horas al día a estar prácticamente siempre acompañado. El problema puede aparecer cuando, de un día para otro, todo vuelve a ser como antes.
Se terminan las vacaciones, volvemos al trabajo y esperamos que nuestro perro pueda quedarse solo cuatro, seis u ocho horas simplemente porque hace unos meses lo hacía. Pero que antes pudiera hacerlo no significa necesariamente que siga pudiendo hacerlo ahora.
La capacidad de quedarse solo puede cambiar. Los perros no aprenden a quedarse solos una vez y conservan esa capacidad intacta para siempre
Un periodo largo de vacaciones, una mudanza, un cambio de horarios, la llegada de otro miembro a la familia, una enfermedad, una experiencia negativa durante una ausencia o simplemente pasar varias semanas acompañado prácticamente todo el tiempo pueden cambiar cómo vive nuestro perro la soledad.
Por eso es importante no esperar al primer día de trabajo para comprobar si todo sigue igual.
Si sabemos que dentro de unas semanas nuestra rutina va a cambiar, podemos empezar antes. No esperes al último día de vacaciones
Uno de los errores más habituales es mantener al perro acompañado durante todas las vacaciones y realizar el cambio completo el mismo día que volvemos al trabajo.
Imaginemos que durante tres semanas nuestro perro apenas se ha quedado solo más de diez minutos. El lunes volvemos a trabajar y tiene que estar seis horas en casa. Para nosotros simplemente ha vuelto la rutina. Para él, el cambio puede ser enorme.
No significa que necesariamente vaya a desarrollar un problema de ansiedad por separación en perros, pero sí es importante facilitar esa transición.
Unos días o semanas antes de recuperar nuestra rutina habitual podemos empezar a hacer pequeñas salidas.
Empieza observando y no calculando minutos. No existe una tabla que diga cuánto tiempo debe quedarse solo un perro según su edad ni una progresión universal que podamos aplicar a todos.
Antes de decidir cuánto tiempo vamos a salir, necesitamos saber cómo se encuentra nuestro perro cuando nos vamos. Para eso, una cámara es una de las herramientas más útiles que tenemos.
Podemos observar si se tumba y descansa, se cambia tranquilamente de lugar, bebe agua o duerme. Pero también podemos ver señales mucho más sutiles: estar pendiente de la puerta, caminar continuamente, jadear sin que haga calor, vocalizar, ser incapaz de descansar o reaccionar constantemente ante los sonidos del fuera.
Lo importante no es solo cuánto tiempo consigue estar solo, sino cómo está durante ese tiempo.
Haz salidas de forma progresiva
Si nuestro perro lleva varias semanas acompañado, podemos empezar introduciendo ausencias que sepamos que puede gestionar.
Quizás inicialmente sean diez minutos, media hora, o pueda quedarse una hora perfectamente desde el primer día. Dependerá de cada perro.
Si durante ese tiempo está tranquilo, podremos ir aumentando las ausencias poco a poco. Si aparecen señales de malestar, nos está diciendo que debemos ajustar lo que estamos haciendo.
No se trata de comprobar cuánto aguanta antes de empezar a pasarlo mal, sino de trabajar dentro de unos tiempos en los que todavía puede gestionar la situación.
Estar contigo todo el día no convierte a tu perro en dependiente
A veces ante la vuelta a la rutina, aparece otro consejo: empezar a ignorar al perro en casa para que “se desapegue”.
Cerrar puertas, impedir que nos siga, quitarle atención o evitar que duerma con nosotros no enseña a quedarse solo.
Un perro puede disfrutar mucho del contacto con su familia cuando está acompañado y al mismo tiempo, quedarse tranquilo cuando todos salen de casa.
Buscar cercanía y tener dificultades para gestionar la soledad son cuestiones diferentes. Por eso no necesitamos deteriorar el vínculo para preparar una ausencia. Tampoco necesitas salir de casa a escondidas.
Coger las llaves procurando que no las escuche, ponerse los zapatos en otra habitación o aprovechar que está distraído para desaparecer puede parecer una buena forma de evitar que se ponga nervioso. Pero si nuestro perro empieza a inquietarse cuando se da cuenta de que vamos a salir, lo importante es trabajar sobre esa emoción, no conseguir que no se dé cuenta.
Cuidado con intentar cansarlo para que duerma
Otro consejo habitual antes de volver al trabajo consiste en aumentar muchísimo el ejercicio para conseguir que el perro llegue agotado a casa.
Un buen paseo, olfatear, explorar o realizar actividades agradables pueden ayudar a que empiece el día de una forma positiva. Pero cansancio y tranquilidad no son lo mismo.
Un perro puede estar físicamente agotado y seguir experimentando ansiedad cuando se queda solo. Por eso el ejercicio puede formar parte de una rutina saludable, pero no debería convertirse en una estrategia para intentar que se quede solo.
Preparar la vuelta a la rutina también es cuidar
Normalmente organizamos nuestra propia vuelta de vacaciones: horarios, trabajo, colegios, compras, comidas y todo lo que necesitamos para volver al día a día.
Podemos hacer lo mismo con nuestros perros.
No hace falta convertir las últimas semanas de vacaciones en un entrenamiento ni empezar a alejarnos de ellos para que no “se acostumbren demasiado” a nuestra presencia. Simplemente podemos evitar que el cambio sea brusco.
Introducir de nuevo algunas ausencias, observar cómo las viven y ajustar los tiempos puede hacer que la vuelta a la rutina sea mucho más sencilla.
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